
la misma gente huevona.
el miso mumullo sordo de la conversasión ociosa.
los mismo precios...
la cebolla del pebre depende de la hora,
el pan, el maní y algunas caras también.
Y todo con ese estilo franklyn pero ahora hyper desarrollado. Una huevá que me molesta particularmente respecto de los retratos.
Hay filas eternas de fotos personales convertidas por su orden y disposición en las partes repetidas de un todo uniforme de tonos en blanco, negro y gris. Retratos de mujeres y hombres, tan alineados y apretujados que forman un solo fondo, como los cuadraditos jaspeados de un piso de baldosas.
Todas muy enmarcadas pero para formar una pobre y patética imágen que viola la naturaleza misma de esa colección de fotos.
Ahí hay gente en poses entregadas con pudor. Hay miradas fijas, vizcas, solemnes y tímidas que uno se puede permitir descuerar hasta la perversión. Ahi están también los abrigos prestados, la camisa heredada del abuelo o del papá, la corbata de la primera comunión y los calcetines con papas que no se ven. Ahí quedaron para siempre el sombrero viejo y siútico, el zorro de conejo, las plumas torcidas de ningun color. Ahí se ven los sueños de esos años, los miedos también. Los ánimos de trascendencia, el deseo de perpetuarse y esa sensación estúpida del amor. Ahí quedaron en posición firme, eternizados en una hora de abundancia o de menos estrechez, cientos de parroquianos lindos y libres, capturados pensando que todo se detendría en ese mismo instante. Ahí quedaron por cuestiones del destino -propio y ajeno- colgados a un perno de acero, presos en el decorado de un restaurant.
Y se les nota la etiqueta. A todas las fotos, y al local completo se le nota el precio que pagaron por él. Entre tanto cachibache se pierden esas cuestiones guardadas con cariño, con mirada perspectiva, para ganar tiempo a la espera de la gloria...
Pero llegan los mismos tragos,
el pollo al pil-pil esquisito como siempre.
la mechada suave o el caldito regalón.
Viene la cuenta igual con buena onda,
y con chiste..
y vale la pena saber dónde uno entra,
y mucho vale la pena saber, de dónde uno se vá.
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