
La doctora dijo "paritario". Y suena raro no, paritario. Tiene el nombre de un tratamiento, como el procedimiento para contener una enfermedad de la que no se sabe mucho, moderna. Paritario parece algo serio, severo. (Paritario, paritario PA-RI-TA-RIO... chucha, es grave la cuestión.) Es una clasificación regular, formal... reparto paritario, control paritario, sistema paritario. Es como una norma recién hecha, un nuevo problema.
Acepto que tiene su justificación social. Además, comprendo que viene de una convicción personal y que también es coherente con el discurso general a favor de los discriminados, "los que no tienen igualdad de oportunidades". Esas son -sin duda- las mujeres pero, aún así, ¿es necesaria la paritariedad?
Unos pocos conceptos filtrados por goteo nos permiten pintar un cuadro de su gabinete de gobierno, más bien impresionista. Se resumen en propaganda del tipo "nadie se va a repetir el plato", "caras nuevas, ideas nuevas", "las mejores y los mejores"... pero ninguno de esos eslogan inspira una imágen tan vertiginosa y real del cambio como la idea de un gobierno paritario. Es decir, 50 y 50 de mujeres y hombres. Eso es una revolución... Es como un comunismo de género.
Pues bien, arriba las mujeres! Si resulta que ellas han sido las explotadas, las proletarizadas. Las pobres, las marginales, las amenazadas. Ellas son el sur, el tercer mundo... y ahora toca que la tortilla se vuelva. Arriba las mujeres, o como prefiero ver las cosas: las mujeres arriba.
Los electores que van a instalar a la doctora en la presidencia, van a poner arriba a cientos de otras mujeres en toda la administración del estado. No creo que la paridad sea una cuestión matemática, es más bien de principios. Es un deseo, pero también una promesa. Y a juzgar por la retórica de las mujeres-arriba, las promesas se cumplen y se cumplen bien. Asi que paritario es paritario.
No más me asusta la rigidez. Si resulta que la paridad tiene que ser sí o sí, quizás muchas mujeres se queden sin alcanzar la cima, porque la regla las obliga a cederle el puesto a un huevón. La paritariedad es una nueva forma de cuoteo; es un cuoteo sexista. Y yo prefiero que todas, de una vez, se suban a cabalgar sobre el lomo de la historia. Que tomen las riendas, que conduzcan el galope y que nosotros los pelotudos nos resignemos a disfrutar de la vista las manos trenzadas detrás de la nuca, de espaldas al suelo y carita al sol.
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