miércoles, septiembre 28, 2005

pecadores

amén

liguria's


la misma gente huevona.
el miso mumullo sordo de la conversasión ociosa.
los mismo precios...
la cebolla del pebre depende de la hora,
el pan, el maní y algunas caras también.
Y todo con ese estilo franklyn pero ahora hyper desarrollado. Una huevá que me molesta particularmente respecto de los retratos.
Hay filas eternas de fotos personales convertidas por su orden y disposición en las partes repetidas de un todo uniforme de tonos en blanco, negro y gris. Retratos de mujeres y hombres, tan alineados y apretujados que forman un solo fondo, como los cuadraditos jaspeados de un piso de baldosas.
Todas muy enmarcadas pero para formar una pobre y patética imágen que viola la naturaleza misma de esa colección de fotos.
Ahí hay gente en poses entregadas con pudor. Hay miradas fijas, vizcas, solemnes y tímidas que uno se puede permitir descuerar hasta la perversión. Ahi están también los abrigos prestados, la camisa heredada del abuelo o del papá, la corbata de la primera comunión y los calcetines con papas que no se ven. Ahí quedaron para siempre el sombrero viejo y siútico, el zorro de conejo, las plumas torcidas de ningun color. Ahí se ven los sueños de esos años, los miedos también. Los ánimos de trascendencia, el deseo de perpetuarse y esa sensación estúpida del amor. Ahí quedaron en posición firme, eternizados en una hora de abundancia o de menos estrechez, cientos de parroquianos lindos y libres, capturados pensando que todo se detendría en ese mismo instante. Ahí quedaron por cuestiones del destino -propio y ajeno- colgados a un perno de acero, presos en el decorado de un restaurant.
Y se les nota la etiqueta. A todas las fotos, y al local completo se le nota el precio que pagaron por él. Entre tanto cachibache se pierden esas cuestiones guardadas con cariño, con mirada perspectiva, para ganar tiempo a la espera de la gloria...

Pero llegan los mismos tragos,
el pollo al pil-pil esquisito como siempre.
la mechada suave o el caldito regalón.
Viene la cuenta igual con buena onda,
y con chiste..
y vale la pena saber dónde uno entra,
y mucho vale la pena saber, de dónde uno se vá.

martes, septiembre 27, 2005

las mujeres arriba


La doctora dijo "paritario". Y suena raro no, paritario. Tiene el nombre de un tratamiento, como el procedimiento para contener una enfermedad de la que no se sabe mucho, moderna. Paritario parece algo serio, severo. (Paritario, paritario PA-RI-TA-RIO... chucha, es grave la cuestión.) Es una clasificación regular, formal... reparto paritario, control paritario, sistema paritario. Es como una norma recién hecha, un nuevo problema.

Acepto que tiene su justificación social. Además, comprendo que viene de una convicción personal y que también es coherente con el discurso general a favor de los discriminados, "los que no tienen igualdad de oportunidades". Esas son -sin duda- las mujeres pero, aún así, ¿es necesaria la paritariedad?

Unos pocos conceptos filtrados por goteo nos permiten pintar un cuadro de su gabinete de gobierno, más bien impresionista. Se resumen en propaganda del tipo "nadie se va a repetir el plato", "caras nuevas, ideas nuevas", "las mejores y los mejores"... pero ninguno de esos eslogan inspira una imágen tan vertiginosa y real del cambio como la idea de un gobierno paritario. Es decir, 50 y 50 de mujeres y hombres. Eso es una revolución... Es como un comunismo de género.

Pues bien, arriba las mujeres! Si resulta que ellas han sido las explotadas, las proletarizadas. Las pobres, las marginales, las amenazadas. Ellas son el sur, el tercer mundo... y ahora toca que la tortilla se vuelva. Arriba las mujeres, o como prefiero ver las cosas: las mujeres arriba.

Los electores que van a instalar a la doctora en la presidencia, van a poner arriba a cientos de otras mujeres en toda la administración del estado. No creo que la paridad sea una cuestión matemática, es más bien de principios. Es un deseo, pero también una promesa. Y a juzgar por la retórica de las mujeres-arriba, las promesas se cumplen y se cumplen bien. Asi que paritario es paritario.

No más me asusta la rigidez. Si resulta que la paridad tiene que ser sí o sí, quizás muchas mujeres se queden sin alcanzar la cima, porque la regla las obliga a cederle el puesto a un huevón. La paritariedad es una nueva forma de cuoteo; es un cuoteo sexista. Y yo prefiero que todas, de una vez, se suban a cabalgar sobre el lomo de la historia. Que tomen las riendas, que conduzcan el galope y que nosotros los pelotudos nos resignemos a disfrutar de la vista las manos trenzadas detrás de la nuca, de espaldas al suelo y carita al sol.

miércoles, septiembre 21, 2005

Yo, Claudio


Sí señor juez, soy culpable. Qué más quiere... Engrillarme, someterme, humillarme?. Yo sé lo que es eso ilustrísima. ¿Y usted? Debería probarlo si no, su señoría. Una pasada por el infierno no le vendría mal a un supremo.
Soy adicto, depresivo, perverso. Abuso de mi poder, del dinero que tengo. Me compro amigos y sexo y drogas para aturdirme, para no tener que ver lo que de verdad soy: una piltrafa vacía, llena de momentos felices que nunca fueron, que yo mismo desperdicio. Arruino la vida de mis hijas, convierto sus nombres en abominaciones y tiro las navidades por el water. Me cago en Dios, en el viejito pascuero, en ellas, en mí y en usted y su sistema de mierda. No se crea que soy egoista, no me importo ni yo. Abuso de mi. Y dejo que los demás abusen de mi. Los traficantes, por supuesto, los proveedores... Es mi forma de pagar, de transar la mercadería. Cuándo ya no hay carácter para ser alguien, cómo cree que se compra la compañía? Y si no, cómo quiere que consiga lo que necesito para convertirme en Ese que usted dice que soy?. Cómo, si no, paso de ser una porquería traumatizada y me transformo en un gigante monstruoso? La droga señoría ilustrísima, la adicción, el abuso, la depresión, la soledad...y el dinero todopoderoso. Alabado sea.
Si, lo acepto señoría...Yo seré el demonio, para que usted pueda ser el dios.

jueves, septiembre 15, 2005

Es lo que hay...


No parecía tan imposible una respuesta a la altura. No era tan difícil, creo yo. No suponía demasiado compromiso, no era nada malo tampoco... Era una posibilidad con probabilidades. Pero claro, no le alcanzó ni con todo ese beneficio de la duda.
Es difícil negarse a veces; es difícil complicarse un poco la existencia cuando no se quiere. Porque estas cosas son cuestiones de querer y/o no querer. De saber su lugar también; de conocer su posición; de darse cuenta de la realidad... la verdad. Eso no es fácil, no necesariamente. Eso implica aceptar que uno no las sabe todas, que depende de otros, que necesita una visión ajena. Que se es el jefe pero no el centro del universo... al menos no necesariamente.

El capitán recibió el llamado del almirante que habrá recibido uno de alguien más... Me habían prevenido.

Yo no quería aceptar cierto pasajero porque ya había hecho el viaje apenas unas semanas atràs y éste es un cascarón con cierto orgullo, con marineros de criterio. Tenemos nuestros mapas y nuestros itinerarios, no es una chalupa que se toma parando el dedo. Nosotros tenemos invitados y no nos gustan los que se invitan solos. Eso lo comprende cualquiera.
Pero el hombre insistió por donde pudo para subirse de nuevo. Lo consiguió. Tiene contactos... el partido. Esa es una cosa fuerte, poderosa, especialmente en esta flota con estos mares y con este clima. Y el partido es una sigla, una bandera y una voz. Un secreto a veces y una razón de peso otras. Esta vez por ejemplo.

En fin, era esperable también. Pero qué lindo habría sido justamente lo contrario. Qué distinto sería el ánimo, la moral a bordo. Es importante la actitud del tipo que lleva el timón, hay que ser muy pequeño para no reparar en eso. ( Con cuánto desdén habrá dicho: " No hueón, no hay ni 'un problema. No te preocupís hueón... ")

Lo subió no más, sin problemas. Pero no les salió gratis, a ninguno de los dos. Por soberbios... En alguna taberna, el polizón vip debió jactarse de sus influencias y gritar y reir más de la cuenta. Llamó la atención (eso le gusta parece) y alguién no perdió el tiempo y descubrió la maniobra y hecho a correr la noticia con sorna.

Ahora el casco quedó averiado en su prestigio, el velamen se nos ha desinflado y llueve ridículo sobre toda la cubierta. Pero tenemos nuestra hoja de ruta, invitaciones que hacer y puertos que alcanzar. La tripulación se va a reponer del golpe... total, donde manda el almirante no manda el capitán y el marinero menos. Y el que sabe, sabe. Y el que no sabe es jefe.

miércoles, septiembre 14, 2005