Sábado, 7 de agosto. Pristina
Al fin algo de claridad después de un día de desalentadora espera, en un pueblito perdido en este proto-país también algo perdido. Malisheva, a 50 km. de Pristina, dónde los serbios no hicieron tanto daño, aunque sobran desde luego las casas quemadas o derrumbadas como en otros lugares vistos en estas primeras 24 horas. En Malisheva patrullan las tropas rusas, fuerzas de ocupación con cara de pocos amigos. En realidad aquí no los tienen; estuvieron del lado serbio y eso lo saben todos: los albaneses o mejor dicho kosovares, las demás fuerzas de la Alianza (KFOR) y la prensa.
Había sobre mi trabajo algo de confusión porque la UNICEF, que debía colaborar con nosotros, en realidad no lo había hecho y yo sentía que era por simple falta de ganas. La verdad: nuestra visita los desorientó a ellos y nadie quiso hacerse cargo de nosotros, los chilenitos problema. Al fin, ésta tarde, un tipo simpático –periodista- puso las cosas en su lugar: cada uno a trabajar en lo suyo, punto uno. Punto dos: ésta una realidad mucho más compleja que cualquier idea que pudiéramos anticipar. Coincidimos en hacer las notas desde la perspectiva de los niños y me explicó que para ellos si bien ésta es una situación dramática, como para todos, también puede ser una época entretenida. Excitante dijo él. “Aquí se vivieron lo peor y lo mejor de la humanidad, a la vez.” Ya rompimos el hielo... demasiado metafórico para estos días de 30 grados a la sombra y sol sin tregua de 6 am. a 8 pm. Sin agua y sin luz hasta la noche, ahora que –precisamente- vamos por un descanso reparador, con cerveza y kebbabs.a los balcanes, vìa Alemania, llegamos por Macedonia, a un aeropuerto atestado de gente queriendo salir a europa. Ahí, conseguimos un taxista medio loco con el que no logramos entendernos bien, que nos llevó entre sorprendidos e inquietos, directo a la oficina de prensa de la KFOR dónde nos dieron nuestras credenciales (foto arriba). A la mañana siguiente, conseguimos un par de asientos en una van de la ONU que nos pasó al otro lado de la frontera, siguiendo una carretera que serpenteaba por los cerros un camino congestionado de familias paisanas, con enseres y cachibaches a cuesta, la mayoría saliendo de Kosovo aunque algunos regresaban después de establecerse la fuerza de ocupación enviada por el Consejo de Seguridad de la ONU. La van nos dejó en la frontera donde un taxista nos llevó a Pristina, al único hotel abierto y donde se concentraba la prensa internacional. Después de dejar nuestras cosas en una piesa (6 pisos sin ascensor por falta de energía eléctrica) nos dimos una vuelta por la ciudad y en una barbería abierta entre escombros, un cabro chico de 15 o 16 años con el que nos comunicamos a señas, navaja en mano me botó la barba, a la antigua.
martes, agosto 18, 2009
crónicas de viaje KOSOVO I
a 10 años de un viaje que hicimos con el camarógrafo Bruno Ballestrazzi a Los Balcanes para hacer reportajes en Kosovo sobre el trabajo de UNICEF, me dieron ganas de publicar aquí mis notas. Fue a mediados de agosto de 1999 cuando la Fuerza de Pacificación de la OTAN compartía el territorio con las tropas Rusas. Los Yugoslavos-serbios se habían retirado después de mucha presión diplomática, dejando en escombros a esa provincia que tiene una mayoría albanesa que se quiso independizar siguiendo el curso de la marea nacionalista que los regímenes ex comunistas sofocaron con un afán que se denunció hasta genocida. La idea fue apoyar una campaña internacional para desminar los patios de las escuelas de Kosovo, usadas durante la guerra como cuarteles generales y apurar así el regreso de cierta normalidad a la vida de los chicos y de todos...
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